La escena es sencilla: antes de comenzar una clase, los estudiantes no reciben un caso de negocio ni una lista de pendientes, sino una invitación distinta, casi inesperada. El primer paso no es tomar apuntes, sino detenerse un momento y preguntarse cómo se sienten en ese instante.
Así inicia una experiencia que abre la puerta a una nueva forma de educación. Una pausa breve, una práctica de mindfulness y una reflexión colectiva se convierten en herramientas para hablar de lo que a menudo se ignora en la formación empresarial: las emociones, la conciencia y la capacidad de liderar con empatía.
Un inicio que apunta a transformar el liderazgo
La iniciativa surge de la profesora Karina Cruz, quien diseñó una práctica de mindfulness como parte de su labor docente en el Tecnológico de Monterrey. Más que un ejercicio aislado, este esfuerzo busca convertirse en un camino para que los futuros líderes aprendan a gestionar sus emociones, a reconocer las de los demás y a tomar decisiones que generen bienestar además de resultados.
Karina lo explica con claridad: “Primero necesitamos identificar nuestras emociones para poder gestionarlas, y después reconocer las de los demás. Solo así podremos construir un liderazgo consciente y humano”. Su enfoque conecta con la idea de que el liderazgo del futuro no se sostiene únicamente en habilidades técnicas, sino en la capacidad de inspirar, escuchar y crear confianza.
Educación para empresas conscientes
El proyecto se enmarca dentro de la misión del Centro de Empresas Conscientes (CEC) del Tecnológico de Monterrey, que promueve un modelo de formación en el que los negocios son también espacios de bienestar y prosperidad compartida. En este contexto, iniciativas como la de Karina Cruz son el inicio de una apuesta más amplia: integrar prácticas de conciencia y gestión emocional en la experiencia educativa de quienes pronto liderarán empresas y organizaciones.
El liderazgo consciente se convierte así en un eje de transformación. No se trata de improvisar, sino de sentar bases sólidas para que, en un futuro cercano, este tipo de dinámicas se incorporen de forma sistemática a la vida académica y profesional.
Hacia un impacto que trasciende el aula
La experiencia de Karina es apenas el comienzo de un proyecto que puede escalar y multiplicarse. El simple hecho de detenerse a respirar, reflexionar y conectar con lo que sentimos tiene un poder que muchos líderes actuales aún desconocen. Si desde las aulas se siembra esta semilla, las empresas del mañana podrán crecer con culturas más sanas, menos propensas al desgaste y más abiertas a la colaboración.
En un mundo empresarial cada vez más exigente, cuidar el tejido humano se vuelve una ventaja estratégica. Los futuros líderes que practiquen mindfulness no solo aprenderán a gestionar el estrés, sino también a inspirar equipos resilientes y creativos.
Lo que hoy comienza como una práctica académica puede mañana convertirse en un pilar de las empresas conscientes. Y es ahí donde radica la fuerza de este proyecto: en su capacidad de sembrar, desde ahora, las raíces de un liderazgo que busca transformar la forma en que entendemos los negocios y el valor que generan.