En el escenario del Tecnológico de Monterrey, durante la IFE Conference, los profesores Ana Beatriz Salas y Héctor Ramón Rodríguez compartieron una experiencia que nació desde algo muy cotidiano, una conversación entre colegas que detectaron que su materia necesitaba actualizarse y que terminó convirtiéndose en un rediseño profundo donde el mindset de negocios conscientes dejó de ser un complemento y pasó a formar parte del ADN del curso.
La ponencia, titulada “Educating to Transform: Teaching International Business from a Conscious Perspective”, no presentó un modelo teórico abstracto ni una reforma radical, sino el proceso real de cómo una materia técnica como Plan de Exportación puede transformarse cuando se decide integrar de manera transversal la visión de crear valor compartido en los negocios.
El punto de partida: detectar que el sentido humano no estaba integrado
Todo comenzó en una reunión académica donde identificaron áreas de oportunidad en la materia. Plan de Exportación cumplía su función técnica, los estudiantes seleccionaban mercados, analizaban regulación internacional y diseñaban estrategias logísticas, pero el componente de “sentido humano” estaba añadido como requisito externo, casi como un apéndice que no dialogaba con los contenidos estratégicos.
Ahí surgió una reflexión clave, si la exportación responde a la filosofía de la empresa, a su planeación estratégica y a sus capacidades internas, entonces el impacto social y la relación con los grupos de interés no pueden tratarse como algo separado. No se trataba de agregar ética al final del semestre, sino de integrar la visión en cada módulo.
Ese fue el giro, dejar de ver el componente humano como un requisito y empezar a diseñar la materia desde la lógica de que la forma de hacer negocios es tan importante como el resultado financiero.
De módulo aislado a visión transversal en todo el curso
El rediseño consistió en incorporar esta perspectiva en cada etapa del plan de exportación, desde la inteligencia de mercados hasta el análisis legal y la logística internacional. En lugar de preguntar únicamente qué mercado es más rentable, se comenzó a preguntar también qué implicaciones tiene esa decisión para proveedores, comunidades, medio ambiente y demás stakeholders.
Sin necesidad de mencionar explícitamente el modelo de capitalismo consciente, la estructura quedó alineada con sus principios fundamentales, demostrar que la empresa es un sistema y que optimizar solo una parte sin considerar el conjunto genera ineficiencias invisibles.
Así, el curso dejó de centrarse únicamente en eficiencia operativa y comenzó a formar estudiantes con una comprensión sistémica de los negocios.
El rol del socio formador: cuando el empresario valida el enfoque consciente
Un elemento decisivo fue la selección consciente de socios formadores abiertos a revisar su cadena de valor y a mejorar su manera de operar. Esto cambió la dinámica en el aula porque cuando el propio empresario explica que fortalecer a sus proveedores mejora la calidad del producto y aumenta su competitividad, el mensaje deja de ser discurso académico y se convierte en evidencia práctica.
Los estudiantes comenzaron a entender que generar valor compartido no es un costo adicional sino una ventaja estratégica. Mejorar las condiciones de los pequeños productores de limón, por ejemplo, impacta directamente en la calidad del producto exportado y en la estabilidad del suministro. En proyectos relacionados con apicultura, las propuestas incluyeron preservar el hábitat de las abejas para asegurar sostenibilidad productiva y mayor rendimiento económico.
La lógica cambió, no se trata de donar un porcentaje al final, sino de integrar el impacto en el corazón del modelo de negocio.
Innovación pedagógica: gamificación, inteligencia artificial y reflexión
El rediseño incluyó herramientas concretas. Un juego de 64 cartas que representaba el proceso completo de exportación permitió a los estudiantes visualizar cada etapa y reflexionar sobre dónde y cómo se integra la creación de valor compartido. El ejercicio se realizaba al inicio y al final del curso, generando una experiencia de metacognición donde los alumnos reconocían cómo evolucionaba su entendimiento.
También se incorporó inteligencia artificial bajo una metodología estructurada que promovía análisis crítico y mejora de propuestas. El objetivo no era enseñar tecnología por sí misma, sino utilizarla como herramienta para potenciar soluciones con impacto sistémico.
Los resultados fueron medibles. Se observó un aumento estadísticamente significativo en engagement, especialmente en absorción y vigor en clase, y cualitativamente se evidenció una mayor profundidad en las propuestas.
Resultados: propuestas con impacto real y pensamiento crítico
Los proyectos desarrollados mostraron un cambio claro en la forma de pensar de los estudiantes. Desde dispositivos impresos en 3D para cumplir regulación internacional en exportaciones de limón, hasta manuales bilingües apoyados en inteligencia artificial para productores locales, las propuestas dejaron de centrarse únicamente en eficiencia.
En proyectos de alimentos se exploró la reutilización de residuos y su vinculación con bancos de alimentos, en apicultura se diseñaron kits de preservación y campañas de recuperación. Cada equipo abordó el reto desde una lógica donde la rentabilidad y el bienestar no eran objetivos opuestos.
Los propios estudiantes reportaron haber fortalecido habilidades de análisis, pensamiento crítico y toma de decisiones, y los socios formadores mostraron interés en continuar colaborando e incluso replicar la experiencia en otros negocios.
Replicabilidad: un modelo para transformar la educación empresarial
El siguiente paso es consolidar la experiencia y explorar su aplicación en otras materias y carreras. La lógica desarrollada en Plan de Exportación puede adaptarse a cursos de inteligencia de negocios, analítica o finanzas porque el principio es transversal, entender la empresa como un sistema donde todos los grupos de interés influyen en la sostenibilidad del modelo.
Esta experiencia demuestra que enseñar negocios conscientes desde la educación superior es posible sin imponer etiquetas, simplemente rediseñando la estructura de los cursos para que la ética, la estrategia y la rentabilidad dialoguen desde el inicio.
Lo que se presentó en el IFE Conference no fue un experimento aislado, fue la evidencia de que cuando el mindset cambia en el aula, también cambia la manera en que los futuros líderes entenderán su responsabilidad empresarial.