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Capitalismo Consciente en México y la empresa como plataforma para transformar la sociedad

Capitalismo Consciente en México y la empresa como plataforma para transformar la sociedad

2026-06-01
Centro de Empresas Conscientes
Artículos

Durante mucho tiempo, hablar de capitalismo fue hablar casi exclusivamente de propiedad privada, libertad para emprender y generación de utilidades. En esa visión, la empresa se entendía sobre todo como una máquina para producir resultados financieros, muchas veces sin mirar con suficiente atención lo que ocurría alrededor de ese crecimiento.

Pero en los últimos años, esa conversación comenzó a moverse.

Cada vez más empresarios, emprendedores y líderes han empezado a preguntarse si una empresa puede ser rentable y, al mismo tiempo, convertirse en una fuerza que genere bienestar para las personas que forman parte de su historia. La pregunta no elimina la importancia de las utilidades, más bien la coloca dentro de una mirada más amplia, donde crecer también exige pensar en colaboradores, clientes, proveedores, comunidades, accionistas y entorno.

Para Francisco Fernández, director ejecutivo del Centro de Empresas Conscientes del Tecnológico de Monterrey, esa es una de las ideas centrales del Capitalismo Consciente. Ver a las empresas con una visión positiva, sin negar los problemas que existen en el mundo de los negocios, pero reconociendo que también hay organizaciones que están buscando cambiar la historia desde dentro.

El movimiento del Capitalismo Consciente nació hace poco más de 15 años, impulsado por Raj Sisodia y John Mackey, fundador de Whole Foods, a partir de una propuesta que invitaba a mirar la empresa más allá de lo tangible. No solo como una estructura económica, sino como una organización formada por personas, relaciones, decisiones y sentido.

Con el tiempo, esa visión fue creciendo en Estados Unidos, Europa y Latinoamérica. En México, un grupo de empresarios comenzó a impulsar el movimiento hace más de una década, y hace cinco años el Tecnológico de Monterrey decidió crear el Centro de Empresas Conscientes, inspirado tanto por esa filosofía como por la visión empresarial de los propios fundadores del Tec.

Empresa consciente en México y el reto de aterrizar el propósito

Hablar de empresa consciente en México exige reconocer el contexto. Francisco Fernández explica que algunos principios pueden ser universales, pero su aplicación cambia según la realidad de cada país. Un empresario mexicano no enfrenta los mismos retos que un empresario en Finlandia, porque el entorno legal, las condiciones socioeconómicas, las necesidades de los colaboradores, la relación con proveedores, el gobierno y la comunidad pueden ser muy distintas.

Aun así, también hay un fondo común. Las personas, sin importar el país donde trabajen, buscan ser reconocidas, sentirse apreciadas, recibir una remuneración justa y encontrar en su trabajo una experiencia que no las desgaste humanamente. Esa dimensión compartida permite que los principios de una empresa consciente puedan adaptarse a distintas realidades sin perder su sentido.

En México, uno de los temas más claros es el ingreso digno. Por eso, el Centro de Empresas Conscientes ha acompañado e impulsado iniciativas como Vida Digna, entendiendo que hablar de empresas más humanas exige mirar también las condiciones básicas que permiten a una persona vivir con mayor estabilidad.

La conciencia empresarial, desde esta perspectiva, no aparece como un discurso importado ni como una fórmula rígida, aparece como una invitación a mirar con más responsabilidad la manera en que una empresa opera en el contexto que le toca.

Ser una empresa consciente también puede ser ventaja competitiva

Una de las preguntas más comunes para emprendedores y empresarios es si estos principios solo aplican cuando una empresa ya es grande, estable o rentable. Francisco responde con una imagen sencilla, la de las dos turbinas de un avión.

Una turbina representa el modelo de negocio, el producto o servicio que tiene demanda, la eficiencia operativa, la capacidad de competir y generar utilidades. La otra representa el propósito superior, la integración de grupos de interés, el liderazgo consciente y una cultura de genuino interés por las personas.

Un avión puede avanzar con una turbina, pero llega más lejos cuando ambas funcionan bien.

Desde esa mirada, ser una empresa consciente no es un lujo reservado para grandes corporativos. Tampoco es una práctica decorativa que se agrega después de resolver todo lo demás. Puede convertirse en una ventaja competitiva cuando ayuda a construir confianza, retener talento, fortalecer relaciones de largo plazo y tomar mejores decisiones.

Francisco insiste en que el punto de partida no es el tamaño de la empresa, sino la convicción del liderazgo. Un emprendedor puede comenzar definiendo su propósito superior, el tipo de liderazgo que quiere ejercer, los principios que desea vivir dentro de su empresa y la manera en que quiere relacionarse con sus grupos de interés.

Ese proceso no exige implementar todo de la noche a la mañana. Exige empezar con claridad.

El propósito, por ejemplo, debe ir más allá de generar utilidades, aunque las utilidades sigan siendo necesarias para que el negocio viva. Así como una persona necesita respirar, una empresa necesita rentabilidad, pero respirar no es el sentido completo de la vida. En una organización ocurre algo parecido. La utilidad permite seguir operando, pero el sentido profundo aparece cuando la empresa entiende para qué existe y a quién sirve.

Merco y la posibilidad de una empresa consciente en industrias difíciles

Una de las formas en que el Centro de Empresas Conscientes ha buscado demostrar que esta visión sí puede llevarse a la práctica ha sido documentando casos de empresas mexicanas que ya operan con estos principios.

Uno de los ejemplos que Francisco menciona es Merco, una cadena regional de supermercados en el noreste de México que compite en una industria de bajo margen, altamente exigente y con consumidores sensibles al precio. Justamente por eso, su caso resulta valioso.

Merco retomó valores fundacionales después de una etapa en la que había perdido fuerza al orientarse demasiado hacia la maximización de utilidades. Al recuperar esa raíz y encontrar en el Capitalismo Consciente una estructura para ordenar su manera de operar, la empresa definió un propósito claro, ser el mejor supermercado de México para trabajar.

Desde ahí comenzó a tomar decisiones que conectan la eficiencia con el cuidado. Una práctica concreta ocurre en caja, cuando una persona no alcanza a pagar productos de primera necesidad como leche o pañales. En esos casos, el cajero puede llamar al supervisor para que esos productos sean cubiertos por la tienda. La acción puede parecer pequeña desde el estado de resultados, pero su significado para el colaborador y para el cliente es profundo, porque confirma que la empresa confía en su gente y entiende la realidad de quienes atiende.

Merco también ha buscado ser eficiente en sus cadenas de suministro, quitando intermediarios cuando eso permite ofrecer mejores precios sin castigar la calidad, como ocurre con productos frescos que quizá no cumplen con estándares visuales de cadenas más premium, pero que sí responden a las necesidades reales de sus clientes.

Ese tipo de decisiones muestran que una empresa consciente no deja de competir. Compite entendiendo mejor a quién sirve.

Del discurso a la operación diaria

Una parte importante de la conversación tiene que ver con el riesgo de convertir estos temas en maquillaje reputacional. Francisco distingue con claridad entre hacer filantropía y operar como empresa consciente. La filantropía puede ser valiosa, puede abrir puertas, puede ayudar a reparar o acompañar procesos, pero la empresa consciente se juega en otra pregunta.

No se trata únicamente de qué haces con el dinero después de ganarlo, sino de cómo lo generas.

Ahí está la diferencia central. Una organización puede donar, apoyar causas o participar en iniciativas sociales, pero si su forma de operar sigue dañando a sus colaboradores, proveedores o comunidades, la conversación queda incompleta. La conciencia empresarial implica revisar la operación, el liderazgo, la cultura, las relaciones y las decisiones que se repiten todos los días.

Por eso Francisco habla de pasar del statement a la práctica. El propósito no debería quedarse en una frase, tendría que reflejarse en indicadores, incentivos y decisiones concretas. Así como las empresas miden sus resultados financieros con key performance indicators, también pueden establecer key purpose indicators que permitan observar si realmente están avanzando hacia aquello que dicen valorar.

La rotación de personal, la permanencia de proveedores, la satisfacción de clientes, el nivel de confianza interna o la calidad de las relaciones con distintos grupos de interés pueden convertirse en señales tangibles de una empresa que aprende a ser más consciente.

El rol del Centro de Empresas Conscientes

El Centro de Empresas Conscientes trabaja desde distintos frentes para acompañar esta evolución. Por un lado, documenta casos y genera evidencia sobre empresas mexicanas que ya están implementando estos principios, con el objetivo de mostrar que no se trata de una idea abstracta, sino de una práctica posible en empresas de distintos tamaños, regiones e industrias.

También impulsa la divulgación a través de conversaciones, conferencias y espacios públicos que permiten acercar estos temas a más líderes empresariales.

Otro eje está dentro del Tecnológico de Monterrey, donde el Centro busca sembrar esta mirada en estudiantes de pregrado, posgrado y educación ejecutiva, para que los futuros líderes de negocios no entiendan la empresa únicamente desde la rentabilidad, sino desde su capacidad de generar valor para las personas y la sociedad.

Finalmente, el Centro acompaña directamente a empresas mediante programas abiertos, iniciativas in company y procesos donde los equipos pueden trabajar su propósito superior, sus modelos de liderazgo, su cultura y la forma en que se relacionan con sus grupos de interés.

Para Francisco, esto no puede crecer solo desde una organización aislada. Requiere redes, comunidad, aprendizaje entre pares y empresarios dispuestos a compartir lo que les ha funcionado, también aquello que les ha costado.

La empresa como espacio de alcance profundo

Hacia el final de la conversación, Francisco comparte una convicción personal que ayuda a entender la razón de fondo detrás del Centro. La empresa es hoy una de las instituciones con mayor capacidad de incidir en la sociedad, porque una gran parte de las personas vive en ciudades, trabaja dentro de organizaciones y pasa muchas horas de su vida en espacios laborales.

Si una empresa cuida o descuida a sus colaboradores, ese efecto no se queda dentro de sus paredes. Llega a las familias, a las comunidades y a la manera en que las personas viven su día a día.

Por eso, hablar de Capitalismo Consciente no es hablar de una etiqueta empresarial. Es hablar de una forma de entender el poder que tienen los negocios para construir confianza, generar prosperidad y abrir mejores posibilidades de vida.

Esta nota fue elaborada a partir de una entrevista realizada a Francisco Fernández, director ejecutivo del Centro de Empresas Conscientes del Tecnológico de Monterrey.

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