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CTR Scientific: crecer sin convertir a las personas en números

CTR Scientific: crecer sin convertir a las personas en números

2026-08-02
Centro de Empresas Conscientes
Artículos

El primer vendedor de CTR Scientific tiene 80 años. Después de haber sido gerente de ventas, todavía mantiene una relación con la empresa y participa como asesor.

Su permanencia permite observar algo que difícilmente aparece en un estado financiero: la forma en que una organización construye relaciones capaces de atravesar décadas.

Para Abelardo Perches de Zamacona, director de estrategia de CTR Scientific, historias como esta ayudan a explicar el crecimiento de una empresa que comenzó hace 57 años con una vocación muy concreta: facilitar el acceso a productos y tecnología de calidad para la investigación, la educación y los laboratorios mexicanos.

También revelan la herencia que su abuelo dejó dentro de la organización.

Cuando CTR tenía alrededor de 40 personas, él entregaba personalmente un regalo a cada madre que trabajaba en la oficina. Conocía el nombre de quien recibía a los visitantes, del policía ubicado en la entrada y de las personas que trabajaban dentro de los laboratorios de sus clientes.

Recordaba cumpleaños, conversaciones y situaciones familiares.

Para él, la atención a las personas se construía mediante pequeños gestos cotidianos.

Décadas después, la empresa cuenta con alrededor de 500 colaboradores, participa en sectores como la salud, la investigación y la industria, y busca mantener aquella misma cercanía.

“Que aunque siguiéramos creciendo, nunca fueran un número”, recuerda Abelardo al hablar de la filosofía de su abuelo.

Tres generaciones alrededor de una misma historia

Abelardo representa la tercera generación de su familia dentro de CTR y también la tercera generación que lleva ese nombre.

Su relación con la empresa comenzó mucho antes de asumir un puesto directivo. Desde pequeño trabajó en el mostrador y conoció distintas áreas operativas. Durante su carrera pasó por diversas funciones de la organización.

Después estudió Contaduría Pública y Finanzas en el Tecnológico de Monterrey y trabajó en consultoría, dispositivos médicos, planeación estratégica y estrategias comerciales.

Ese recorrido le permitió observar la empresa desde dos perspectivas: como integrante de una familia empresaria y como profesional formado fuera de ella.

Al regresar a CTR, encontró una cultura profundamente humana, aunque todavía apoyada principalmente en las relaciones, el ejemplo de los líderes y las prácticas cotidianas.

El reto de la tercera generación consiste ahora en convertir esa cultura en una estructura capaz de sostenerse mientras la organización continúa creciendo.

La intención no es reemplazar la cercanía que distinguió a sus fundadores. Se busca trasladarla a los sistemas de evaluación, las promociones, el desarrollo de líderes y las decisiones empresariales.

Cuando los valores comienzan a tener consecuencias

El acercamiento de CTR al Capitalismo Consciente permitió darle un lenguaje más claro a muchas prácticas que ya formaban parte de su identidad.

La transformación comenzó por el liderazgo.

La empresa definió ocho principios y reunió a sus líderes para realizar ejercicios de autodiagnóstico. Cada persona tuvo que reconocer en qué medida representaba esos principios y dónde necesitaba cambiar.

Algunos de ellos hablan de asumir responsabilidad, mantener una actitud positiva, enfocarse en los resultados y practicar una transparencia radical.

Sin embargo, el cambio más importante ocurrió cuando los principios comenzaron a influir en decisiones reales.

CTR creó un programa de promoción acelerada. Para participar, no bastaba con alcanzar buenos resultados comerciales. Las personas seleccionadas también debían demostrar que su comportamiento era congruente con la cultura que la empresa buscaba construir.

Algunos colaboradores con una facturación sobresaliente no recibieron la promoción.

Aquella decisión envió un mensaje hacia toda la organización: los resultados importaban, pero ya no serían el único criterio para reconocer el liderazgo.

La vendedora que encontró un segundo aire

Una de las historias que mejor explica este cambio es la de una vendedora con excelentes clientes y resultados extraordinarios.

Tenía prácticamente todo lo necesario para recibir una promoción. Sin embargo, sus líderes observaban que acostumbraba enfrentar el trabajo desde una perspectiva negativa y que esa actitud también influía en quienes la rodeaban.

La empresa decidió hablar con ella.

Le explicaron que su desempeño comercial era valioso, pero que el siguiente paso requería convertirse en una representante de la cultura que CTR quería extender. Necesitaba ayudar a otros, compartir mejores prácticas y contribuir a un ambiente de trabajo más constructivo.

La promoción no llegó en ese momento; sin embargo, la conversación abrió una posibilidad distinta. Con el tiempo, sus compañeros y líderes comenzaron a observar un cambio profundo. La vendedora mantuvo sus resultados, modificó su manera de relacionarse y recuperó energía para continuar creciendo.

Ella misma reconoció que durante mucho tiempo había concentrado su atención exclusivamente en la facturación. La experiencia le ayudó a comprender que su desarrollo profesional también dependía de la manera en que trabajaba con los demás y de la persona en la que podía convertirse.

Para Abelardo, ese proceso representa el tipo de empresa que CTR aspira a ser: un lugar exigente, orientado a resultados y capaz de ayudar a las personas a conocerse, aprender y desarrollarse de una manera más integral.

Las historias que ocurren detrás de un laboratorio

El impacto de CTR también puede observarse lejos de sus oficinas. Durante sus primeros años, la empresa se concentró en acercar materiales y productos de laboratorio a estudiantes e investigadores. Más adelante amplió su participación hacia la salud, el diagnóstico y la industria.

Con el tiempo, dejó de limitarse a entregar equipos; sus especialistas comenzaron a trabajar directamente con médicos, científicos y responsables de laboratorios para diseñar procesos completos. En proyectos de cultivo celular, por ejemplo, el equipo puede pasar varios días junto con los usuarios para desarrollar una red de producción.

Esa cercanía permitió que la empresa comprendiera mejor las historias que existen detrás de cada proyecto.

CTR ha colaborado con una doctora en Guadalajara que trabaja en un banco de leche materna para bebés abandonados. También ha acompañado a una especialista en Puebla que desarrolla quimioterapias personalizadas para niñas y niños con leucemia atendidos por el IMSS.

Sus equipos participan en proyectos relacionados con la producción de piel para menores con quemaduras y en investigaciones que buscan mejorar diagnósticos y tratamientos.

Cada tubo, equipo o tecnología forma parte de una historia humana que continúa mucho después de una venta.

Comprenderlo cambió la manera en que la organización interpreta su propósito. CTR comenzó a verse como un aliado de quienes desarrollan ciencia y atienden pacientes, con la responsabilidad de ayudarles a llevar sus proyectos más lejos.

Una fundación nacida durante una crisis

La Fundación CTR surgió durante la pandemia, donde la empresa formaba parte de la cadena que abastecía productos para diagnóstico y vigilancia epidemiológica. Mientras muchas organizaciones atravesaban una crisis profunda, CTR y varios de sus clientes experimentaban un crecimiento acelerado.

Abelardo conversó con su padre sobre la responsabilidad que acompañaba aquella situación.

La primera respuesta fue instalar una planta para producir cubrebocas, equipo de seguridad y productos antibacteriales que posteriormente serían donados a hospitales.

También crearon una bolsa de trabajo para familiares de colaboradores que habían perdido su empleo. CTR conectaba a esas personas con clientes y proveedores que necesitaban incorporar personal operativo.

La fundación comenzó además a desarrollar campañas contra la desinformación relacionada con la salud y con el tiempo, esas acciones se transformaron en programas más estructurados.

Actualmente, sus brigadas médicas instalan clínicas móviles en distintos puntos de la zona metropolitana de la Ciudad de México y atienden principalmente a población flotante. De acuerdo con Abelardo, el programa recibe entre 200 y 300 pacientes mensuales y atendió a más de 5,000 personas durante el año anterior a la entrevista.

En educación, el programa Talento en Acción acompaña durante ocho meses a estudiantes de universidades públicas en Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México.

Los participantes reciben mentoría, desarrollan habilidades profesionales y generan conexiones con empresas. La meta es que jóvenes sobresalientes puedan acceder a oportunidades laborales de primer nivel, independientemente de la universidad en la que estudiaron o de los contactos personales con los que comenzaron su carrera.

Crecer sin perder el nombre de las personas

CTR quiere convertirse en uno de los principales facilitadores de infraestructura científica y biotecnológica en México.

Su visión contempla acompañar a investigadores, empresas, médicos e instituciones para que más medicamentos se fabriquen en el país, más tratamientos puedan desarrollarse localmente y más productos mexicanos participen en el sector del diagnóstico.

Pero el legado que Abelardo imagina también se construye hacia el interior; quiere que las personas que pasen algunos años o toda su carrera dentro de CTR puedan salir de la empresa con mayores conocimientos, mejores herramientas y una comprensión más profunda de sí mismas.

Dirigir una organización con cientos de colaboradores representa la posibilidad de tocar muchas vidas, incluidas las de sus familias. Para CTR, ese privilegio también implica una responsabilidad.

La historia que comenzó con un profesor apasionado por la ciencia continúa ahora en los laboratorios, en las brigadas médicas, en los estudiantes que buscan su primera oportunidad profesional y en una vendedora que encontró un segundo aire.

También continúa en aquel primer vendedor que, a los 80 años, todavía forma parte de la empresa.

Porque una cultura empresarial puede medirse mediante indicadores, evaluaciones y resultados. Pero algunas veces su expresión más clara aparece en algo mucho más sencillo: las personas deciden quedarse porque sienten que alguien todavía recuerda quiénes son.

 

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