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Juan Pablo Murra: Las empresas conscientes necesitan pensar más allá del trimestre

Juan Pablo Murra: Las empresas conscientes necesitan pensar más allá del trimestre

2026-09-07
Centro de Empresas Conscientes
Artículos

La inteligencia artificial está logrando que se automaticen tareas, se bajen costos y se transformen los trabajos con una velocidad difícil de comparar con otras revoluciones tecnológicas. En opinión de Juan Pablo Murra, rector del Tecnológico de Monterrey, esta situación también permite comprender de forma más clara qué es lo que distingue a una empresa consciente. 

Juan Pablo estuvo en Rodcast, el podcast del periodista Rodrigo Pacheco, en una charla desde Ciudad de México junto a Silvia Dávila, consejera del Centro de Empresas Conscientes del Tecnológico de Monterrey y líder empresarial experimentada. 

En la charla se recorrieron los cambios que vive la educación superior, el futuro del trabajo, la transformación del rol docente y la competencia por el talento. No obstante, buena parte del debate giró en torno a una misma pregunta: ¿cómo puede una empresa responder a las presiones del presente sin comprometer su capacidad de generar valor en el futuro? 

La inteligencia artificial como prueba para las empresas conscientes 

Juan Pablo propone reflexionar sobre cómo reaccionarían dos organizaciones distintas ante el mismo avance tecnológico. 

Una empresa orientada solo a la maximización del retorno de corto plazo puede ver la inteligencia artificial básicamente en términos de las eficiencias que esta permite generar. Una organización consciente incluye otras preguntas. 

¿Qué significa esa decisión para sus empleados y para sus familias? ¿Para sus proveedores? ¿Para los clientes de usted? ¿Cuáles pueden ser las consecuencias para el medioambiente? 

Para Murra, la inclusión de los diferentes grupos de interés cambia la forma en que una organización toma decisiones y obliga a ensanchar el horizonte con que evalúa sus resultados. 

La rentabilidad sigue siendo esencial. La diferencia está en entender que la permanencia de una empresa necesita construir capacidades que tal vez no aparezcan de inmediato en un reporte trimestral. 

En el terreno de la gestión empresarial, Silvia Dávila llevó esa reflexión. En mercados donde las organizaciones enfrentan una presión creciente para mejorar márgenes y acelerar la innovación, el talento humano se convierte en un elemento estratégico, explicó. 

Es complicado para las personas construir un compromiso a largo plazo cuando no encuentran sentido en lo que hacen. Por lo tanto, el propósito, la cultura y el impacto de una empresa también pueden ser factores de competitividad, atracción y retención de talento. 

El desafío está en manejar distintos horizontes simultáneamente: entregar resultados este trimestre, cerrar bien el año y mantener una organización capaz de competir durante los próximos cinco. 

Pensar diferente cuando existe presión por los resultados 

La conversación llevó a Juan Pablo a recordar el origen del capitalismo consciente y a notar que algunas organizaciones lograban resultados excepcionales al tiempo que desarrollaban relaciones más profundas con empleados, clientes, proveedores y comunidades. 

Estas empresas tenían en común elementos como un propósito superior, una cultura consciente, liderazgo consciente y creación de valor para sus distintos grupos de interés. 

Esto no elimina la disciplina financiera. Murra reconoció la presión a la que están sometidos los líderes frente a mercados que permanentemente evalúan resultados. Su planteamiento es que esa presión no determine totalmente la estrategia. 

Una organización que solo mira al trimestre siguiente puede terminar erosionando las capacidades que necesita para competir después. 

El Capitalismo Consciente introduce así preguntas que, muchas veces, no entran en el análisis financiero inmediato: ¿qué tipo de organización se está construyendo?, ¿cómo se reparte el valor generado?, ¿qué consecuencias tendrán las decisiones actuales sobre las personas y el entorno? 

Pensar en el largo plazo también implica proteger la competitividad de la empresa. 

La transformación tecnológica no solo ocurre en el seno de las compañías. En palabras de Murra, el Tecnológico de Monterrey lleva tiempo replanteando la manera en que debe formar profesionales para un mundo donde la inteligencia artificial estará presente en prácticamente todas las disciplinas. 

El Tec abrió una dirección enfocada a inteligencia artificial aplicada a la enseñanza y, de acuerdo con el rector, más de mil profesores ya han trabajado incorporando este tipo de herramientas en experiencias que han llegado prácticamente a todos los estudiantes de la institución. 

También, los estudiantes que ingresaron en agosto de 2026 a las 44 licenciaturas del Tec iniciaron con nuevos planes de estudio diseñados considerando las competencias que necesitarán para el año 2030. 

Pero para Murra existen tres preguntas diferentes. Cómo enseñar. Qué enseñar. Y quizá la más importante: ¿para qué educar? 

Cuando una herramienta tecnológica es capaz de producir un texto, analizar información o resolver determinadas tareas, la formación universitaria necesita fortalecer capacidades como el pensamiento crítico, la creatividad, la colaboración y la comunicación. 

Sigue siendo importante el conocimiento. El papel de quien ayuda a construirlo también cambia. 

Profesores que diseñan experiencias 

Murra explica que el profesor seguirá siendo una pieza fundamental, aunque su rol está evolucionando. Ya no se necesita estar dentro de un aula para acceder al conocimiento. Las plataformas educativas y las herramientas de inteligencia artificial permiten aprender una inmensa variedad de temas prácticamente desde cualquier lugar. 

Por eso, para el rector, el profesor debe convertirse cada vez más en un diseñador de experiencias de aprendizaje. 

En el Tec, esto se traduce, entre otras estrategias, en aprendizaje basado en retos y en la colaboración con más de mil 600 socios formadores entre empresas, gobiernos y organizaciones. El Centro de Empresas Conscientes forma parte de este modelo. 

Murra explicó que existen experiencias de una semana o de un semestre completo en las que estudiantes trabajan junto con profesores alrededor de desafíos reales de organizaciones. 

Un reto puede consistir precisamente en analizar cómo ayudar a una empresa a avanzar hacia un modelo más consciente. 

El objetivo deja de limitarse a conocer los conceptos. Los estudiantes necesitan desarrollar la capacidad de llevarlos a una organización real, enfrentarse a sus restricciones y proponer caminos posibles. 

¿Qué ocurre con el trabajo? 

La inteligencia artificial también abre una de las conversaciones más complejas para universidades y empresas: qué será de los puestos de entrada que históricamente permitían desarrollar a los profesionales que luego asumían responsabilidades mayores. 

Murra contó el caso de una empresa que ya puede hacer con inteligencia artificial algunas de las tareas que antes les asignaba a colaboradores de primer año. El problema viene inmediatamente después. 

Si la organización deja de contratar a quienes hacían esas tareas, ¿de dónde surgirán las personas preparadas para desempeñar las funciones de segundo, tercero o cuarto año? 

Para Juan Pablo, universidades y empresas tendrán que encontrar nuevas respuestas. 

Una posibilidad consiste en preparar a los estudiantes para llegar al mercado laboral con competencias que anteriormente desarrollaban durante sus primeros años dentro de una organización. 

El reto importa también para las empresas conscientes porque una decisión de automatización tiene efectos que se extienden más allá de una reducción inmediata en costos. 

El propósito también construye prosperidad. 

Murra, ya al final de la conversación, llevó el tema a una escala mayor. México, dijo, tiene que construir una sociedad más próspera, más justa y más sostenible, y las empresas tienen una participación fundamental en ese proceso. 

Uno de los mecanismos más poderosos para generar bienestar es que haya empleos dignos y buenos salarios, dijo el rector. También las universidades tienen una responsabilidad. 

La formación de futuros empresarios y directivos puede ayudar a que más organizaciones entiendan que la utilidad es una condición indispensable para existir, pero que la actividad empresarial puede aspirar a generar valor para muchas más personas. 

Juan Pablo lo resume mediante una comparación: generar utilidades es indispensable para una empresa de la misma forma que respirar lo es para vivir, pero hacerlo no constituye el propósito de la vida. 

La tecnología seguirá cambiando. También lo harán las profesiones, las industrias y los modelos de negocio. La pregunta que permanece es qué harán las organizaciones con esas nuevas capacidades. 

Para Juan Pablo, ahí se encuentra una parte esencial de la formación empresarial del futuro: crear compañías capaces de competir, innovar y generar riqueza mientras construyen valor para empleados, clientes, proveedores, comunidades y sociedad.

 

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