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Guimar y el Capitalismo Consciente: Una empresa construida alrededor del cuidado

Guimar y el Capitalismo Consciente: Una empresa construida alrededor del cuidado

2026-10-05
Asael Villanueva
Artículos

Cuando Guillermo Henao decidió comenzar su propio negocio, vendió el Renault 4 de la familia y convirtió ese dinero en el primer inventario de guantes de cuero, carnaza e hilaza que después recorrería Colombia vendiendo. Marta Marín, su esposa, dejó su trabajo como profesora de ciencias sociales para acompañarlo desde casa, donde Guillermo salía a vender mientras ella cuidaba el inventario y despachaba desde el garaje; el nombre de la empresa reunía los nombres de sus dos fundadores: Guantes Guimar.

Era 1991. Carolina, su hija, tenía tres años.

El negocio comenzó a crecer al mismo tiempo que en Colombia aumentaban las exigencias de seguridad y salud en el trabajo, lo que abrió espacio para nuevas líneas de protección personal y permitió que la empresa ampliara su oferta. En esos años coincidió también con la construcción del Metro de Medellín y Guimar se convirtió en proveedor de elementos de protección para la obra, una relación que ayudó a impulsar a aquella pequeña compañía familiar que había comenzado en casa.

Más de tres décadas después, Guimar Seguridad Industrial comercializa 16 líneas de producto y Carolina Henao Marín ocupa la dirección general, aunque durante buena parte de su vida ella imaginó su carrera lejos del negocio de sus padres.

De la empresa familiar a encontrar su propio camino

Carolina estudió Administración de Negocios, se especializó en mercadeo y comenzó su vida profesional en otras compañías porque quería construir una trayectoria propia, especialmente alrededor de marcas de consumo masivo.

Ella misma se describe como una hija rebelde y, cuando su padre le propuso regresar a Guimar para desarrollar las ventas y explorar la posibilidad de exportar, aceptó en un momento en el que ya no veía mucho espacio para crecer en la empresa donde trabajaba, aunque las ventas no eran precisamente lo que más le apasionaba.

Su interés estaba en el mercadeo, así que estudió Dirección y Gestión Comercial para aprender lo que necesitaba y terminó convirtiéndose en directora comercial, un puesto desde el que poco a poco comenzó a involucrarse en facturación, logística, operación y prácticamente todos los frentes del negocio.

La pandemia aceleró esa transición porque la demanda de elementos de protección personal creció con fuerza y Guimar tuvo que pasar de una operación presencial a una dinámica mucho más virtual, mientras Carolina asumía cada vez más responsabilidades y sus padres se acercaban a la jubilación.

Cuando ambos se pensionaron, la segunda generación recibió una empresa que venía de un periodo extraordinario de ventas, pero que pronto enfrentaría otro escenario: al normalizarse la oferta, regresaron los inventarios, se intensificó la competencia por precio y los clientes podían encontrar los mismos productos con distintos distribuidores, al mismo tiempo que dentro de la organización aparecían retos de clima laboral asociados a nuevas formas de trabajo y a la transición generacional.

Ese momento profesional coincidió con una búsqueda personal que Carolina había iniciado durante la pandemia, cuando, aun teniendo trabajo, familia y estabilidad, comenzó a preguntarse qué quería hacer con su vida y por qué no se sentía plenamente conectada con lo que tenía.

Empezó a estudiar bienestar, hábitos y desarrollo personal, se certificó como Health Coach y cambió varias prácticas en su propia vida, un proceso que después comenzó a trasladar de manera natural a las personas que trabajaban cerca de ella; fue en medio de esa búsqueda cuando conoció el Capitalismo Consciente.

Capitalismo Consciente para repensar Guimar

Carolina llegó al modelo a través de un programa de Comfama dirigido a empresas y recuerda ese encuentro con una frase muy sencilla: “Para mí fue como ver la luz”.

El propósito superior, el liderazgo consciente, la cultura consciente y la alineación de los grupos de interés le dieron un marco para ordenar muchas prácticas que ya venía explorando desde su propio proceso de transformación y, sobre todo, una manera de pensar la empresa que había recibido de sus padres sin limitarse a repetir lo que había funcionado durante la primera generación.

Desde fuera, algunos amigos le decían que lo tenía fácil porque el negocio ya existía, pero ella veía la responsabilidad de otra manera: no bastaba con recibir una empresa de más de treinta años; había que hacerla perdurable en un mercado que ya no se parecía al de sus inicios y encontrar una voz propia sin romper con la historia familiar.

En ese proceso, la conexión con el propósito apareció dentro de la actividad que Guimar siempre había desarrollado, porque la empresa vendía cascos, guantes, equipos para trabajo en alturas, protección respiratoria y otros productos creados para reducir riesgos laborales, pero Carolina comenzó a preguntarse qué significaba realmente cuidar a una persona y hasta dónde podía llegar una compañía dedicada a protegerla.

Esa pregunta amplió la conversación sobre seguridad. Carolina había escuchado historias de trabajadores que llegaban a tareas de alto riesgo preocupados por un familiar enfermo, atravesando un duelo o con problemas económicos, situaciones que podían afectar su concentración aunque llevaran puesto el equipo correcto; por eso comenzó a plantear que proteger también implicaba mirar el bienestar físico, mental y emocional de la persona dentro y fuera del trabajo.

La reflexión llegó también al propósito de la empresa, porque hablar simplemente de “servicio” dejó de parecer suficiente cuando servir bien era, en sus palabras, lo mínimo esperable de una compañía dedicada a la comercialización, y Guimar terminó encontrando una expresión más cercana a lo que quería construir: “Protegiendo vidas, cuidando personas”.

Conectando: llevar el propósito a clientes y proveedores

El siguiente reto era evitar que ese propósito se quedara escrito en una presentación, así que Carolina creó Conectando, un encuentro en el que colaboradores, clientes, proveedores, aliados y familias pudieran experimentar de manera concreta la idea de bienestar que Guimar quería compartir.

Las primeras ediciones combinaron conversaciones con especialistas, ejercicios de reflexión y espacios para detenerse un momento en medio de la rutina; en una de ellas, la experiencia fue una sesión de sound healing en la que todos terminaron acostados sobre colchonetas, incluido un proveedor de aproximadamente 60 años que había viajado desde Estados Unidos y que, al terminar, le preguntó sorprendido si realmente lo había llevado hasta Colombia para acostarlo en el piso.

Carolina le respondió que sí, porque quería que viviera personalmente aquello que la empresa estaba intentando llevar a sus grupos de interés.

Conectando ya suma siete ediciones realizadas durante tres años en Medellín, Cartagena y Urabá, y la experiencia ha ido extendiéndose a otros momentos de la relación con los clientes.

También, Guimar desarrolló una caja de herramientas con actividades de agradecimiento, respiración, escucha, escritura y creatividad para utilizar en visitas o semanas de salud, de modo que esos encuentros no se limiten a explicar cómo usar o mantener un elemento de protección personal, algo que Carolina considera parte básica del servicio.

Al principio, ella facilitaba personalmente las actividades; después formó a su directora comercial y ahora prepara a asesores y líderes para que puedan hacerlo, con la intención de que el propósito se viva en distintos puntos de contacto y no dependa únicamente de la directora general.

Cuando una cultura también se refleja en el negocio

Cambiar la manera de relacionarse con los clientes tomó tiempo, especialmente para quienes llevaban 15 o 20 años trabajando en Guimar y estaban acostumbrados a comenzar una visita hablando del portafolio, el producto y el precio.

Carolina empezó a pedirles algo diferente: agradecer primero, escuchar con atención y entender a la persona que tenían enfrente antes de intentar venderle algo, una propuesta que dentro de un sector industrial podía sentirse extraña y que llevó a una de sus asesoras a confesarle tiempo después que al principio había pensado que estaba loca.

También tuvo que aceptar que no todos los clientes y proveedores se conectarían con la propuesta, porque algunos recibían con entusiasmo los espacios de bienestar y otros preferían ir directamente al negocio, lo que le enseñó que su papel era abrir la conversación y ofrecer herramientas sin intentar imponer el proceso a los demás.

Con el tiempo, Carolina comenzó a observar resultados que, desde su perspectiva, acompañan la implementación del modelo: Guimar ha mantenido crecimientos anuales de doble dígito, ha mejorado la fidelización y la recompra, ha conseguido contratos de largo plazo y ha visto avances tanto en satisfacción de clientes como en rotación de personal.

La empresa cuenta hoy con 49 colaboradores directos y operaciones en Medellín y Cartagena, y recientemente recibió también el Distintivo de Empresa Saludable de la Asociación Colombiana de Medicina de Estilo de Vida, un reconocimiento que para Carolina tiene un valor especial porque una organización externa revisó prácticas de bienestar que Guimar comunica hacia fuera y que busca vivir de la misma manera dentro de la empresa.

Compartir lo que Guimar aprendió

Carolina suele repetir una frase que resume la manera en que entiende este proceso: “La teoría enseña, pero la práctica explica”.

Después de implementar el modelo en Guimar, regresó al programa que le había permitido conocer el Capitalismo Consciente, ahora como mentora voluntaria de pequeñas y medianas empresas.

Desde hace tres años comparte procesos que ya puso a prueba, aprendizajes que tuvo que ajustar y herramientas que fueron tomando forma dentro de su propia organización; para ella, esa mentoría es una manera de devolver parte de lo aprendido y de ampliar una conversación que comenzó con una necesidad muy concreta dentro de Guimar.

Treinta y cinco años después de aquel Renault 4, Guillermo y Marta siguen acompañando la empresa que comenzó en el garaje de su casa, asisten a Conectando, participan en encuentros con colaboradores y familias y escuchan a su hija hablar de bienestar y propósito.

Carolina cuenta que sus padres no suelen expresar demasiado lo que sienten sobre la transformación del negocio, pero encuentra esa respuesta en su presencia y en la manera en que hablan de Guimar con otros, así como en el orgullo con el que cuentan lo que hoy sucede dentro de una empresa que, desde el principio, se dedicó a proteger personas.

Treinta y cinco años después de aquel Renault 4, la historia de Guimar sigue creciendo, pero lo hace con una mirada distinta. Carolina ha sabido tomar una empresa nacida del esfuerzo de sus padres y llevarla hacia una conversación más amplia sobre propósito, bienestar y relaciones humanas, sin perder de vista el negocio ni la responsabilidad de hacerlo sostenible. En ese equilibrio está buena parte de su mérito: honrar lo que recibió y, al mismo tiempo, construir una empresa que también se parece a la líder que ella decidió ser.

 

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